{"id":340,"date":"2019-12-30T20:49:37","date_gmt":"2019-12-30T20:49:37","guid":{"rendered":"https:\/\/retortillo.ink\/?p=340"},"modified":"2019-12-30T20:49:37","modified_gmt":"2019-12-30T20:49:37","slug":"al-remanso-de-las-nubes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/retortillo.ink\/?p=340","title":{"rendered":"AL REMANSO DE LAS NUBES"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>\t<\/em><\/strong><strong><em>AL REMANSO DE LAS NUBES<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tUn d\u00eda m\u00e1s el despertador son\u00f3 a las seis de la ma\u00f1ana. Y, como de costumbre, don Luis se levant\u00f3 con precisi\u00f3n matem\u00e1tica, dispuesto a dar el paseo matinal. Era la \u00fanica salida que hac\u00eda en todo el d\u00eda, pero, a su edad, era suficiente para mantenerse \u00e1gil. Adem\u00e1s, le gustaba hacerlo a horas en que todav\u00eda la gente del pueblo no hab\u00eda despertado, salvo aquellos labradores (normalmente criados) que ten\u00edan que madrugar por obligaci\u00f3n. Le agradaba encontrarse con ellos, ya que le saludaban con merecido reconocimiento. Y eso, a don Luis, le halagaba.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tSe puso los pantalones de pana negra y, en camiseta de felpa, (estaba tan acostumbrado a ella que ni en verano se la quitaba) fue a lavarse. La palangana estaba donde siempre. Sab\u00eda de memoria los pasos que ten\u00eda que dar. \u00a1Despu\u00e9s de haberlo hecho tantas veces! La mano encontraba el jab\u00f3n con extraordinaria pericia; y, aunque no se ve\u00eda, se secaba la cara delante del espejo que sab\u00eda que estaba enfrente de \u00e9l. \u00abTendr\u00e9 que adquirir nuevos h\u00e1bitos cuando metan el agua\u00bb. Hab\u00eda o\u00eddo decir que pronto en todo el pueblo las casas tendr\u00edan agua corriente. A \u00e9l le daba igual, pero&#8230;\u00a1Todo fuera por el progreso! Se volvi\u00f3, dio dos pasos (los mismos de siempre) y se situ\u00f3 frente a la silla en que ten\u00eda la ropa: busc\u00f3 el respaldo y recogi\u00f3 la camisa. Se la abroch\u00f3. Volvi\u00f3 a estirar la mano y se puso el chaleco. Repiti\u00f3 la operaci\u00f3n y acompa\u00f1\u00f3 el pantal\u00f3n con una chaqueta del mismo color. Se cal\u00f3 la boina, asi\u00f3 la cachava y sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tNunca desayunaba antes del paseo. Necesitaba, m\u00e1s que el alimento, sentir el aire fresco en el rostro, oler el perfume de la ma\u00f1ana veraniega y o\u00edr el canto del gallo cuando pasaba al lado de alg\u00fan corral. Recorri\u00f3 los ocho pasos que med\u00eda el pasillo que desembocaba en la puerta de la calle, abri\u00f3 \u00e9sta y sali\u00f3. Cerr\u00f3 tras de s\u00ed y se par\u00f3 un instante. Siempre lo hac\u00eda; y no para decidir el lugar adonde deb\u00eda dirigirse, ya que siempre hac\u00eda el mismo recorrido desde mucho tiempo atr\u00e1s, exactamente veinte a\u00f1os, los mismos que llevaba ciego; era una costumbre, un ritual, mejor. Porque para don Luis su paseo era eso, un rito con el que deb\u00eda comenzar el d\u00eda, como para otros lo era el santiguarse.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tGir\u00f3 hacia la derecha y comenz\u00f3 a andar. Conoc\u00eda bien el camino. Adem\u00e1s, la cachava le guiaba y le salvaba de los obst\u00e1culos. Por esta acera pasaba delante de la casa de don Hip\u00f3lito, el m\u00e9dico, con el que a veces se encontraba y se saludaban afectuosamente; con la se\u00f1ora Fuencisla, la estanquera, nunca se saludaba. Ven\u00eda de largo: hab\u00edan sido novios cuando ya no eran unos ni\u00f1os y hab\u00edan salido mal. En el pueblo se comentaba que \u00e9l, ciego, y ella, sorda,&#8230; \u00a1no era plan! Pero las razones eran otras. Aunque&#8230;\u00a1qu\u00e9 m\u00e1s daba! Despu\u00e9s de cincuenta y dos pasos, sab\u00eda que se encontraba al lado de la casa de Dimas, uno de los labradores m\u00e1s ricos del pueblo. Como el trozo de acera que la delimitaba la ten\u00eda embaldosada, la cachava produc\u00eda un sonido peculiar y \u00e9se era el aviso para torcer a la izquierda y cambiar de acera. A partir de aqu\u00ed recorr\u00eda una peque\u00f1a callejuela que desembocaba en la plaza del pueblo. Pero esta ma\u00f1ana no iba a llegar a ella. Nadie le hab\u00eda dicho nada; tampoco hab\u00eda nadie en ese momento para avisarle del peligro y la absoluta confianza que ten\u00eda en s\u00ed mismo hizo que cayera dentro de una profunda zanja que hab\u00edan abierto para meter el agua.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tSinti\u00f3 que el cuerpo se le quedaba un instante prendido del deseo de saltar hacia arriba y elev\u00f3 instintivamente los brazos al cielo, pero no le sirvi\u00f3 de nada, pues dio con su maltrecho y sorprendido cuerpo en el pedregoso suelo. La rabia y la impotencia le hicieron mascullar una blasfemia. Palp\u00f3 las paredes, despu\u00e9s de incorporarse un poco, y se dio cuenta de que eran m\u00e1s altas de lo que cre\u00eda. Apoyando la mano izquierda en el suelo y haciendo palanca con la cachava, que llevaba en la otra, se incorpor\u00f3 del todo y levant\u00f3 el brazo para percibir la verdadera altura de las paredes del caj\u00f3n en que estaba atrapado. No llegaba al final: a\u00fan quedaba otro trozo de pared de aquella miserable caja, premonitoria de otra m\u00e1s profunda y larga. Si hubiese podido llorar, lo hubiese hecho; no de pena, \u00abque no se debe llorar por algo que ya no vale un real, sino de asco. De eso s\u00ed se puede y debe llorar&#8230;\u00bb \u00a1Horror de vivir!<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tAlz\u00f3 la cachava y comprendi\u00f3 que, si quer\u00eda salir de all\u00ed, tendr\u00eda que superar una altura de casi dos metros. Dej\u00f3 su espalda resbalar por la pared y se sent\u00f3 con las manos cosidas al bast\u00f3n y la frente apoyada en ellas. Por un momento, la mente se le qued\u00f3 en blanco y el coraz\u00f3n dej\u00f3 de sentirlo por lo que se abandon\u00f3 unos instantes que le parecieron eternos.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tPens\u00f3 en quedarse como estaba hasta que alguien que pasara por all\u00ed lo pudiera ayudar; pero, quiz\u00e1s, tendr\u00eda que esperar varias horas y no podr\u00eda soportarlo. Ponerse a gritar&#8230; \u00ab\u00a1Y qui\u00e9n me va a o\u00edr si todo el mundo est\u00e1 en la cama!\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tNo se hab\u00eda dado cuenta antes de que estaba herido, porque era ahora cuando le empezaba a doler una pierna. Se palp\u00f3 a ver si ten\u00eda alg\u00fan rasgu\u00f1o y la mano se le empap\u00f3: comprendi\u00f3 de qu\u00e9 se trataba. Se alz\u00f3 los pantalones y se examin\u00f3 con mayor detenimiento: no era importante la herida; una brecha de no mucha profundidad. Tom\u00f3 una decisi\u00f3n: \u00abtengo que salir de aqu\u00ed cuanto antes\u00bb. Respir\u00f3 hondo y se levant\u00f3, no sin gran esfuerzo. Volvi\u00f3 a medir la distancia para asegurarse de que no se hab\u00eda equivocado&#8230; Y, en efecto, as\u00ed era. Dif\u00edcilmente saldr\u00eda de all\u00ed por s\u00ed mismo.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tApoyado en la pared, trat\u00f3 de idear la manera de escapar. No se resignaba a quedarse hasta que alguien lo sacara. Ten\u00eda que lograrlo \u00e9l por sus propios medios, como siempre hab\u00eda sido. Si a lo largo de veinte a\u00f1os no hab\u00eda necesitado de nadie para valerse, a pesar de la ceguera, \u00bfpor qu\u00e9 iba a necesitarlo ahora? \u00bfPor este est\u00fapido accidente?<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tLe vino a la mente aquel otro que le priv\u00f3 de la vista. \u00a1Qu\u00e9 necesidad ten\u00eda \u00e9l de montar en aquel coche! \u00abDon Luis &#8211; le hab\u00eda dicho Javier &#8211; (aquel muchacho que se portaba tan bien con \u00e9l) tiene que venir conmigo un d\u00eda a la ciudad, a probar el coche que me he comprado. A ver si as\u00ed cambia de aires, que se est\u00e1 apolillando en este pueblo\u00bb. \u00abS\u00ed, hijo, s\u00ed &#8211; le hab\u00eda contestado con el mismo cari\u00f1o con que era tratado por el joven -. Para que nos quedemos tirados en el camino\u00bb. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 cosas tiene, don Luis! Que hoy en d\u00eda los coches no est\u00e1n hechos para que duren dos meses, que pueden llegar a recorrer cien mil kil\u00f3metros sin que se paren una sola vez\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tAquel no volvi\u00f3 a ponerse en marcha. \u00a1Ni para chatarra val\u00eda ya! A la vuelta de la ciudad chocaron con otro que ven\u00eda en direcci\u00f3n contraria. Sinti\u00f3 mil golpes en el rostro&#8230; y vio por \u00faltima vez. A\u00fan recuerda con nitidez la imagen estrellada de las luces de los faros del autom\u00f3vil. A su joven amigo lo sinti\u00f3 gemir a su lado, pero nunca m\u00e1s lo volvi\u00f3 a ver. Cuando sali\u00f3 del hospital, se enter\u00f3 de lo que verdaderamente hab\u00eda sucedido: Javier reposaba ya bajo tierra. \u00a1Maldito progreso!<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tInstintivamente dio un salto impropio de su edad y lleg\u00f3 a tocar el suelo de la calle. La alegr\u00eda que invadi\u00f3 su alma fue tan maravillosa como la sensaci\u00f3n que se experimenta cuando un deseo imposible lo vemos hecho realidad. Comprendi\u00f3 que, si se esforzaba, lo podr\u00eda lograr. Quiz\u00e1s ayud\u00e1ndose con la cachava&#8230; Todo consist\u00eda en utilizar la garrota como garfio (lo que le alargar\u00eda el brazo), pegar un salto y aferrarse con la otra mano a la pared con tal fuerza que le permitiera, mediante un gran impulso, sacar parte del cuerpo. Se puso manos a la obra: clav\u00f3 la cachava en la parte superior de la pared, pero, cuando quiso dar el impulso, le fallaron las fuerzas. Lo intent\u00f3 otra vez, mas fue in\u00fatil. Baj\u00f3 la mano y la cachava se le qued\u00f3 colgada. \u00ab\u00bfY si la sujeto bien y me aferro a ella con ambas manos e intento escalar la pared?\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tSe agarr\u00f3 fuertemente, hizo palanca para comprobar que la cachava estaba sujeta y, al constatar que era as\u00ed, se dispuso a trepar como un gato, para as\u00ed poder respirar el aire puro de la ma\u00f1ana a ras de suelo por lo menos. Elev\u00f3 un pie, pero, al apoyar el otro, resbal\u00f3 por culpa de la humedad que rezumaba la pared.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\t\u00a1Qu\u00e9 desesperaci\u00f3n y qu\u00e9 rabia! Maldijo mil veces la absurda costumbre que ten\u00eda de salir de casa por la ma\u00f1ana y se maldijo a s\u00ed mismo y a la naturaleza que le hac\u00eda pasar por aquel trance. Se sent\u00f3 de nuevo; necesitaba idear otra forma de salir de aquella ratonera.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tDe pronto, oy\u00f3 pasos en la calle. No pod\u00eda saber qui\u00e9n era. Por el andar pensaba en Tiburcio. Sinti\u00f3 que se paraba. \u00ab\u00a1Tiburcio!\u00bb &#8211; grit\u00f3 -, pero no recibi\u00f3 ninguna respuesta. Volvi\u00f3 a gritar: \u00ab\u00a1aqu\u00ed, s\u00e1quenme de aqu\u00ed!\u00bb Mas tampoco le contest\u00f3 nadie. Y era l\u00f3gico, pues, aunque a don Luis le hab\u00eda parecido que Tiburcio se deten\u00eda, lo que realmente hab\u00eda sucedido era que \u00e9ste entraba en casa de Dimas, de ah\u00ed que no oyera los gritos de don Luis. Pero, como \u00e9l no sab\u00eda esto, segu\u00eda atento esperando o\u00edr de nuevo los pasos. Cuando se convenci\u00f3 de que no ser\u00eda as\u00ed, se sent\u00f3 de nuevo&#8230;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tTen\u00eda que intentarlo otra vez. \u00a1Lo lograr\u00eda! \u00a1Seguro que s\u00ed! Todo era cuesti\u00f3n de no desanimarse. Buscar\u00eda un trozo de tierra que no tuviera humedad y&#8230;\u00a1 S\u00ed, ya est\u00e1! &#8211; casi grit\u00f3-. Socavar\u00eda unos peque\u00f1os escalones en la pared y, apoy\u00e1ndose en ellos, saldr\u00eda al exterior. Se agach\u00f3 y, a gatas, como un ni\u00f1o peque\u00f1o, se puso a recorrer el cauce de la zanja. Necesitaba un guijarro con el que poder culminar la que pensaba ser\u00eda su mayor haza\u00f1a: salir de all\u00ed. No tuvo mucho que buscar para encontrarlo. Lo asi\u00f3 con cari\u00f1o y palp\u00f3 la pared para cerciorarse de que estaba seca y, cuando seleccion\u00f3 el trozo que le pareci\u00f3 m\u00e1s id\u00f3neo, comenz\u00f3 a golpear. \u00abSiempre en el mismo sitio, si no, no sirve de nada\u00bb- se dec\u00eda. Puso el \u00edndice de la mano izquierda se\u00f1alando un punto imaginario, para que le sirviera de referencia, y, con cuidado de no golpearse, empez\u00f3: \u00a1zas! \u00a1zas! \u00a1zas!&#8230; Comprob\u00f3 con la palma de la mano que ya estaba abriendo hueco y se llen\u00f3 de alegr\u00eda. Redobl\u00f3 esfuerzos y, poco tiempo despu\u00e9s, ten\u00eda los dos agujeros hechos. Subi\u00f3 un pie para probar y&#8230; \u00a1Estaba excesivamente alto, no le serv\u00eda! El desaliento casi le hace caer de espaldas. Con el pa\u00f1uelo que recogi\u00f3 del bolsillo de la chaqueta se sec\u00f3 el sudor fr\u00edo que le manaba a borbotones. Ten\u00eda que volver a empezar&#8230; S\u00f3lo el hecho de pensarlo le produc\u00eda unas enormes ganas de evadirse de la realidad, de arrebujarse hecho un ovillo y quedarse all\u00ed para siempre. \u00a1Se sent\u00eda tan desgraciado!<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em> De pronto, se dio cuenta de que s\u00f3lo hab\u00eda inspeccionado uno de los agujeros. Con gran rapidez, llev\u00f3 la mano al otro y, a continuaci\u00f3n, introdujo el pie: \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda! Estaba a la distancia ideal. Bajar\u00eda el otro un poco y quedar\u00edan los dos en la situaci\u00f3n que precisaba para desempe\u00f1ar el papel de escalador que le tocaba vivir en ese instante. \u00a1A sus a\u00f1os!&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tRecogi\u00f3 el guijarro del suelo y reanud\u00f3 la tarea. Se le hac\u00eda m\u00e1s pesada que antes, pero segu\u00eda golpeando, sin preguntarse de d\u00f3nde le nac\u00edan las fuerzas. Examin\u00f3 el trabajo que llevaba realizado y constat\u00f3 que los golpe s no iban bien centrados. Una ira poderosa le invadi\u00f3 por completo. Mas los golpes que daba con rabia le sirvieron para desahogarse. Ahora s\u00ed que avanzaba; lo experimentaba al introducir, casi por completo, la piedra dentro del escal\u00f3n. Un poco m\u00e1s&#8230; y estar\u00eda terminado.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tY as\u00ed fue: todo estaba ya a punto para el gran momento. Clav\u00f3 la cachava en lo alto, subi\u00f3 un pie y, cuando se dispon\u00eda a colocar el otro, oy\u00f3 que le llamaban: \u00abDon Luis, pero&#8230; \u00bfqu\u00e9 le ha pasado, hombre?\u00bb Eran Tiburcio y Dimas que sal\u00edan de la casa de \u00e9ste. Hab\u00edan visto la parte superior de la cachava en el suelo, al lado de la zanja, y les hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n tanto, que se acercaron a comprobar qu\u00e9 suced\u00eda. \u00abYa veis, hijos. Que me he ca\u00eddo aqu\u00ed dentro\u00bb. \u00abPero, hombre. \u00bfNo sab\u00eda que hab\u00edan abierto ayer la zanja para meter el agua?\u00bb- le ri\u00f1\u00f3, cari\u00f1oso, Dimas. \u00abPues ya ves que no; de lo contrario no estar\u00eda aqu\u00ed; que maldita la gracia que me hace\u00bb. \u00abBueno, no se preocupe que en seguida lo sacamos. Alce los brazos, que nosotros lo sujetamos uno por cada lado y ya est\u00e1\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tY, en efecto, as\u00ed lo hicieron. Un peque\u00f1o esfuerzo y don Luis en la calle de nuevo. \u00ab\u00a1Gracias!\u00bb, dijo al pisar tierra firme otra vez. \u00abY ahora, \u00bfa casa o a seguir paseando?\u00bb &#8211; le pregunt\u00f3 Tiburcio -. \u00abA casa, a casa&#8230; Ya he paseado bastante\u00bb. \u00ab\u00bfLe acompa\u00f1amos?\u00bb \u00abNo, no hace falta. Ya s\u00e9 que por las aceras a\u00fan no han abierto ninguna zanja\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tSe dirigi\u00f3 con paso firme y huidizo a su casa. No sent\u00eda nada. Hab\u00eda pensado, durante el tiempo que permaneci\u00f3 encerrado, que se alegrar\u00eda sobremanera al verse a salvo. Y, ahora, que ya lo hab\u00eda conseguido, s\u00f3lo un inmenso vac\u00edo anegaba su alma. \u00a1Qu\u00e9 ganas de volar! S\u00ed, unas inmensas ganas de marcharse, de olvidarse de que hab\u00eda existido nunca, de que jam\u00e1s hab\u00eda sido ni\u00f1o y apuesto joven. Que tuvo novia y que estuvo a punto de casarse varias veces, pero siempre al final surg\u00eda alg\u00fan problema y&#8230; lo del refr\u00e1n: \u00abcompuesto y sin novia\u00bb. Y los amigos&#8230; \u00bfD\u00f3nde estaban los amigos que le hab\u00edan acompa\u00f1ado en tanta francachela, en tanta juerga nocturna? \u00bfD\u00f3nde los amigos con los que hab\u00eda compartido tantos sinsabores y desgracias, con los que se hab\u00eda sentido tan unido? \u00a1Ya no quedaba ninguno! Todos se hab\u00edan ido por la negra vereda y a\u00fan no hab\u00edan regresado. Antonio, Juan, Doroteo&#8230; sobre todo Doro, como le llamaban los amigos. Desde ni\u00f1os juntos: primero en la escuela y despu\u00e9s socios en el cultivo de las tierras. Hasta el \u00faltimo momento lo acompa\u00f1\u00f3: ni un s\u00f3lo d\u00eda falt\u00f3 a verle durante su larga enfermedad. Y, ahora&#8230;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\tPalp\u00f3 la hendidura de la cerradura, introdujo la llave y entr\u00f3. Fue a la habitaci\u00f3n, cogi\u00f3 la silla que utilizaba de vestidor y se dirigi\u00f3 a la cuadra en la que ya no hab\u00eda caballer\u00edas como en otros tiempos en que la llenaban de calor y compa\u00f1\u00eda. Busc\u00f3 una soga de las que sab\u00eda que ten\u00eda que haber por all\u00ed; y en un rinc\u00f3n la encontr\u00f3 tirada. La recogi\u00f3, la acarici\u00f3 (m\u00e1s que midi\u00f3) con las manos y, despu\u00e9s de adivinar el lugar en que se encontraba una gruesa y recia viga, se subi\u00f3 a la silla y tir\u00f3 al aire la maroma varias veces hasta que logr\u00f3 cabalgarla. La estir\u00f3 hasta dejar los dos cabos a la misma altura, se la anud\u00f3 al cuello con manos firmes e inseguras y&#8230; \u00a1vol\u00f3 por los aires!<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>AL REMANSO DE LAS NUBES Un d\u00eda m\u00e1s el despertador son\u00f3 a las seis de la ma\u00f1ana. 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